Leyendas de El Salvador

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Cada país cuenta con su tradición oral y por generaciones se cuentan historias o relatos sobre personajes mágicos y misteriosos.

En El Salvador existen muchas historias que hemos recopilado.

Leyenda del Cipitío

La leyenda del Cipitío es un relato popular. Cuentan que es hijo del dios Tlaloc y la Siguanaba. Como castigo por ser una mala madre, cayó una maldición sobre ella y su hijo.

El Cipitío fue condenado a vivir como un niño. Su nombre proviene del nahuat “cipit” que se traduce “niño”. Fue condenado a vivir como un niño de 10 años que es inofensivo pero algo molesto.

Disfruta de molestar a las jóvenes que van a los ríos a lavar. Se burla de las personas con molestas carcajadas. Tiene un aspecto extraño. Una enorme barriga sobresale a raíz de su gusto por comer cenizas. Sus pies están al revés y puede transportarse de un lugar a otro en pocos segundos.

Usa un enorme sombrero punteagudo. Utiliza unos pantalones cortos blancos y una camisa del mismo color, caites y una matata en la que guarda sus polvos mágicos.

La Carreta Chillona

La historia cuenta que hace mucho tiempo atrás vivió un hombre llamado Pedro el malo, conocido así por su falta de fe. En San Isidro Labrador se celebraba cada 15 de mayo las fiestas patronales. Todos los pobladores llevaban sus carretas para recibir la bendición del cura del pueblo.

Al igual que todos, Pedro llevó su carreta pero sus intenciones eran malas. SE colocó a cierta distancia de las demás, cuando lo llamaron para que se acercara, se burló del padre y le dijo que su carreta estaba bendecida por el diablo.

Pedro quiso entrar con la carreta a la iglesia, pero los bueyes se soltaron y la carreta salió calle abajo con el hombre sobre ella. El padre lo condenó y le dijo que andaría en su carreta por toda la eternidad.

Desde esa fecha la carreta recorre los caminos sin bueyes que la dirijan y bendecida por el diablo. El sonido de sus ruedas de madera asusta a los pobladores que han sido testigos del peculiar chillido que producen. Los abuelos aseguran que suele asustar en los pueblos que vive sin amor y armonía.

La Siguanaba

Su nombre era “Sihuehuet” que significaba “mujer hermosa”. Descubrió que esperaba un hijo del dios Tlaloc con quien tenía un romance. Al nacer el bebé, fue descuidado por su madre mientras ella se iba con su amante.

Al darse cuenta Tlaloc, decidió maldecirla llamándola Siguanaba que significaba “mujer horrible”. Cuando los hombres la vieran sería una mujer hermosa, pero cuando ellos se le acercaran se convertiría en una mujer fea.

Luego de ser maldecida, ella se aparece por las noches en las orillas de los ríos en busca de hombres infieles, mujeriegos y don juanes enamorados. Se muestra como una hermosa mujer que se baña con un delicado y delgado camisón que deja a la vista su esbelta figura, un guacal de oro y luego peina su larga cabellera. O se dedica a lavar a la espera de un hombre solitario.

Cuando se acercan atraídos por su hermosura, ella se transforma en un ser horrible con los pechos largos que le llegan hasta las rodillas, un espantoso cabello negro, largas uñas, un terrorífico rostro y suelta una estridente carcajada.

El Cadejo

La leyenda relata la existencia de dos seres de esta especie. Tiene forma de perro que deambula a altar horas de las noches por los senderos. Uno es de color blanco y uno negro.

El blanco hace referencia a un ente bueno que es protector y guía de los caminantes nocturnos de noble espíritu. El negro está lleno de maldad. Muchos aseguran que el cadejo blanco es una creación de Dios como un ente protector. En un acto de envidia Satanás crea al cadejo negro para contrarrestar los cuidados del cadejo blanco.

El Padre sin cabeza

La creencia cuenta que el Padre sin cabeza se aparece a los trasnochadores. Aseguran que es un alma en pena que murió en pecado y sin la oportunidad de poder confesarlo. Otras versiones dicen que fue combatiente en un levantamiento de campesinos y luego fue decapitado por ser partícipe.

Sus apariciones se dan bajo árboles frondosos desde donde la víctima ven una entrada a un templo. Atraídos por la visión las personas entran por la puerta y ven una gran sala y al final un sacerdote cantando misa en latín.

Cuando es el momento de la consagración, el padre deja al descubierto sus manos llenas de sangre y su cuerpo sin cabeza. Los que presencian la escena huyen del lugar y como efecto del impacto pasan días sin hablar. La experiencia provoco un cambio en el estilo de vida de la persona.

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